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Historias detrás de los riesgos

por Auténtica

Hace dos años, Vanessa de la Jara veía a su novio una vez al mes. Él trabajaba en Satipo y ella en una agencia en Lima. Sin querer, la distancia los motivó a trabajar juntos y hace poco lanzaron el “Pan de Villa”.

Sus días cambiaron: no hay horarios de oficina, pero se levantan muy temprano. Él a las 5:00 a.m. para prender el horno con leña que consiguieron en Lurín y ella media hora más tarde para amasar lo que dejó reposando la noche anterior.

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Hace dos años, Vanessa de la Jara veía a su novio, Christian Luglio, una vez al mes. Él había aceptado un trabajo en Satipo y ella, en Lima, trabaja en una agencia. Así eran las cosas. Se podría decir que la distancia, los cambios, las ganas de hacer algo distinto la motivaron. Y en una de sus visitas, Vanessa le dio la idea: “Hagamos pan”.
No era tan jalada de los pelos, pues a ella siempre le gustó cocinar y él le fue agarrando el gusto al asunto. Además, en ese año estaban prontos a mudarse a una casa en Villa, donde casi todas las casas tienen un horno de barro en el jardín.
La ironía: la casa que eligieron no tenía uno, pero pronto un albañil cajamarquino se los construyó. Experimentaron por meses. Sus amigos y familiares fueron los primeros en probar los panes que cocinaban con un tanto de intriga y emoción. Cuando llegó el momento lo hicieron oficial y lanzaron “Pan de Villa”.

Sus días cambiaron. No hay horarios de oficina, pero se levantan muy temprano. Él a las 5:00 a.m. para prender el horno con leña que consiguieron en Lurín y ella media hora más tarde para amasar lo que dejó reposando la noche anterior. Ella se encierra en la cocina y él en el jardín se concentra con el fuego, con el calor, en el silencio y en los colores del amanecer.

Al terminar, reparten los pedidos en bicicleta. Los vecinos esperan un pan caliente y delicioso; ya no ese que encontraban picoteado por los pájaros en las manijas de sus puertas en la entrada. “Queremos regresar esa sensación que te da el sentarte con la familia a la hora del desayuno. El pan tiene todo eso”, confiesa Vanessa, quien agrega que tienen planeado ser dueños de un food truck. “Y a largo plazo, está la idea de abrir una panadería”.

Se dice que un buen desayuno es símbolo de buenas noticias. Significa que las cosas mostrarán su lado positivo. Para ellos ya es así: Ya tienen dos hornos en la casa y el negocio crece con los amaneceres que presencian. Mientras  haya pan en la mesa, no hay de qué preocuparse.

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