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Mujer a tu manera

por Romina Chuls

Mi abuela tuvo cáncer de mama a los 50 años. Le extirparon un seno y con él se llevaron toda aquella confianza, sensualidad y feminidad que guardaba su cuerpo. No la recuerdo antes. La veo en las fotos y no reconozco a la mujer coqueta que posa en ellas. Yo no la conocí así. Conocí otra, dañada por un entorno que le confiere un protagonismo a los senos.

Es cierto: somos bombardeadas con imágenes de escotes exuberantes constantemente y debemos cumplir ciertos requisitos para ser “mujeres atractivas” en la sociedad. La voluptuosidad es fomentada al mismo tiempo que la esbeltez. El ser “plana” pareciera que te aleja del ser “mujer”: te acerca a la niñez.

Un día casi entro a su cuarto mientras ella cambiaba. Me asomé por la puerta y la vi, de tres cuartos, temerosa, avergonzada a pesar de que ignoraba mi presencia. Usaba un sostén cuya copa colgaba, desparramada. Se desvanecía. Ese cuerpo había dejado de ser suyo; dejó de sentirse “mujer”.

Tenía la noción de que ciertos atributos la caracterizaban, que algunas partes de su cuerpo expresaban una especie de concentrado de su femineidad. Aquella blancona sonriente que disfrutaba adornarse con aretes de ámbar y usar vestidos ceñidos, a quien le encantaba salir pues le pertenecía al sol; aquella alemana radiante que conquistó el corazón de mi abuelo desapareció. Venció el cáncer pero ella no regresó. Sus aretes, sus collares, permanecieron guardados en su closet, empolvados.

Con ella, entendí. La mujer salvaje de la que nos habla Clarissa Pinkola Estés en “Mujeres que corren con los lobos” (mi nueva biblia) no está definida por ninguna fracción de nuestro exterior. Con senos grandes, pequeños, o sin estos; barrigonas, anchas, delgadas, piernonas o zapatonas. Ninguna de esas cualidades aloja un condensado de ser mujer.Y encontrar qué nos hace mujeres (más allá de los factores biológicos) es una tarea personal.

 

Si mi abuela hubiera descubierto que ella y su sensualidad no estaban en ese seno perdido, la mujer coqueta y segura de las fotografías hubiera permanecido. En su pérdida, aprendí.  Yo soy mujer en cada centímetro de mi cuerpo, cada fracción de mi organismo, en cada pizca de mi esencia. Mi cuerpo, templo, alberga mi feminidad (y masculinidad) en todo su ser. Solo espero recordarlo para toda nueva cicatriz que aparezca y seguir amándome completa.

 

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Romina Chuls
Romina Chuls
Artista. Feminista. Embarcada en un (interminable) proceso de conocerse y entenderse. Observadora. Bastante sincera (no es mentira). Amante del vino blanco y de bailar hasta no sentir las piernas.