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Sostenes nunca más

por Romina Chuls

Soy de tetas pequeñas. Mi espalda ancha cumple el papel de achicarlas. A pesar de que la estructura de mi figura es compensada por la parte inferior de mi cuerpo, siempre me sentí disconforme con ellas. Consideraba que, mi torso, se conforma por tres montes de tamaños similares: mi barriga, mis costillas y mis tetas.

Si las comparaba a un alimento parecían dos huevos fritos, comida que nunca toleré. Aquella yema que se desparrama por el plato no llegaba a conquistar mi paladar. La clara dejaba un sabor extraño en mi boca. Dejé de comerlo por años. Una mañana, por falta de opciones, lo probé de nuevo. Descubrí lo que sería la gloria en mis nuevos desayunos. Acepté que no sólo me gusta: me encanta el huevo frito.

Como si fuera una especie de revelación, días después, comencé a pasar largo tiempo mirando mis senos al espejo. Pequeños pero firmes. Su forma cónica juega en composición con mis clavículas y mis hombros. A veces, me encuentro apretándolos como si fueran unas pelotitas desestresantes o como si tuviera que asegurarme que siguen ahí. Mis senos exhiben su perfil hermosamente con los polos holgados y la redondez que toman, después de hacer deporte, es casi perfecta.

No sólo comencé a aceptarlos, sino, también, a amarlos. Su pequeñez me abría la posibilidad de eliminar los sostenes de mi vida con tranquilidad. Me deshice de esos metales que funcionaban como sellos en mi piel, de las tiritas arruinadoras de todo atuendo y de ese sistema de ganchos infernal. Mis senos fueron y son libres. Hoy, no uso sostén. No tengo que esperar llegar a mi casa, en la noche, para aquel momento de alivio, al sacarte aquella prisión. Ya no.

En mi nuevo gusto por el huevo encontré la belleza de mis tetas y en su hermosura: un fragmento de libertad.

Es molesto lidiar con hombres que asumen que, mi decisión de participar del movimiento #freethenipple, es una insinuación. Debo reconocerlo, por momentos, me limita.

Hoy me pongo aquel polo blanco que trasluce, sutilmente, la diferencia de color de mis pezones. No, no es una insinuación. Soy yo, permitiéndome estar cómoda, yo, amando mis tetas, tan huevos fritos.

 

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Romina Chuls
Romina Chuls
Artista. Feminista. Embarcada en un (interminable) proceso de conocerse y entenderse. Observadora. Bastante sincera (no es mentira). Amante del vino blanco y de bailar hasta no sentir las piernas.